I.
Lo esencial es lo imprescindible.
Cuando entiendes algo estás interiorizando su estructura lógica. Esa
estructura no es homogénea, sino escalonada: hay proposiciones que
dependen de otras, sean éstas explícitas o implícitas. A la verdad,
pues, se llega suprimiendo todo lo superficial, ascendiendo hasta lo
necesario en un proceso progresivo de abstracción.
Ello podría compararse a una pirámide cuya base es infinita. El
punto más alto de la misma es completamente distinto al resto de
puntos: nada hay encima suyo. Para una mente finita, entonces, es
imposible llegar a la cúspide, porque ello implicaría divisar desde
allí toda la base, que no tiene fin. Hay cima, sin embargo: las
líneas tienen que converger en algún punto, aunque éste sea de facto
inalcanzable.
II.
La noción de crear -crear de la nada- puede ser incomprensible para
nosotros, pero al menos no es contradictoria. En cambio, la de un
ser contingente y eterno (i.e., el universo que imaginan los
materialistas ateos) sí es contradictoria, por lo que debe ser
rechazada. No es posible el movimiento sin creación.
Crear es una acción sin movimiento.
Saludos.
Daniel.
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