La Biblioteca que no puede comprar libros
Marta Sandoval
La tecnología y las novedades editoriales pasan de largo, sacándole la lengua a la Biblioteca Nacional. No tiene presupuesto para jubilar a los viejos ficheros de madera y sustituirlos por computadoras, ni siquiera le alcanza para comprar una sola enciclopedia. Las bibliotecas pequeñas del interior de la República se avocan a la paupérrima madre en busca de material, de cuentos, de novelas o diccionarios. Pero es absurdo hacerlo. Tiene asignado Q1,330 al año para comprar bibliografía. Con eso y mucha suerte lograría agenciarse de 22 libros ofertados y enviar 1 a cada departamento y nada más.
La Biblioteca Nacional sobrevive con un presupuesto de Q1 millón 300 mil al año, 2 terceras partes se utilizan para pagar sueldos, el resto les permite dar patadas de ahogado, más que vivir. "Ningún gobierno se ha preocupado por la Biblioteca", dice su director Francisco Ralón, un bibliotecario profesional que intenta sacar adelante a la casa de libros. Sacó los libros a estanterías abiertas para que le gente pudiera vagar por los títulos y elegir lo que necesita.
Antes una ventanilla de barrotes negros era lo único que se veía de la biblioteca.
Cuenta con 142 mil volúmenes, desde infantiles hasta textos universitarios, pasando por novelas, cuentos o autoayuda. Sus usuarios son, principalmente, estudiantes. En meses escolares como julio, atiende a 4 mil 200 personas y en bajos como diciembre a 150.
La Biblioteca de la Universidad Francisco Marroquín es la contraparte. Tiene todos sus registros digitalizados y se puede acceder a ellos por internet, incluso reservarlos. Además su fondo antiguo, la Biblioteca José Cecilio del Valle, está trasladándose por completo a digital.
Con un escáner profesional y un equipo de cómputo de la última tecnología están llevando cada una de las páginas antiguas a una computadora. Con ello pretenden preservar los originales y entregar al público las versiones virtuales. La Biblioteca de la Universidad Landívar ofrece en su página web la opción de descargar sus tesis, para revisarlas en casa sin necesidad de ir al edificio. Pero para la Nacional esto es una quimera.
Tampoco cuenta con mucho espacio de lectura. Incómodos escritorios de madera al final de cada pasillo o dos mesas largas en la sala principal, son lo único disponible. No está permitido el préstamo externo. Todo es gratuito.
Nueva ley
Una de las principales funciones de la Biblioteca Nacional es conservar la memoria impresa de Guatemala. Debe almacenar todo lo que se publique en el país o sobre el país en el extranjero.Para lograrlo se vale de la Ley de "Depósito Legal" que está contenida dentro de la Ley de Libre Emisión del Pensamiento y que estipula que todo aquel que edite algún texto deberá entregar una copia a la biblioteca y otras más al Congreso, a Gobernación, a la Usac, a la Dirección de Estadística y al Archivo General del Gobierno. La multa por no hacerlo sería de Q5. De acuerdo con Ralón la ley no está dando frutos, muchos la incumplen y algunas de las instituciones receptoras no tienen dónde almacenar las copias, por lo que se pierden. Por ello propuso una reforma, impulsada por Christian Bussinot y que ya pasó la primera lectura.
La nueva ley pretende que sea sólo la Biblioteca la que reciba los libros, diez copias y que ella se encargue de repartirlas a la Universidad de San Carlos y a las bibliotecas departamentales.
Además cambia la multa de Q5 por libros, "eso le conviene más al pueblo que hayan más textos", dice Ralón.
Fuente: http://www.elperiodico.com.gt/es/20090104/pais/84967/
Extraido de Biblios
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Celso Gonzales Cam