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Los discursos del poder:
Gritos, susurros y silencios.
                                                                                                Por Raúl Isman.
Docente. Escritor.
Miembro del Consejo Editorial.
de las Revistas Desafíos y 2010.
 Director de la revista
Electrónica Redacción popular.
www.geocities.com/raulisman                                                                                   http://raulisman.blog.terra.com.ar
             raulisman@...
"Estoy orgulloso de estar acá para decir públicamente
 lo que tantas veces tuve que callar,
todavía me pasa un frío por el cuerpo cuando,
encapuchado, escuché la voz de Patti que decía –Tírenlo en la parrilla- Yo tenía 17 años y no podía defenderme", Declaración de Luís Gerez ante los diputados, en ocasión de que la Cámara no permitió asumir a Patti.
 
La verdad es siempre revolucionaria, decía Antonio Gramsci. Y aunque duele reconocerlo, la palabra que (ilusoriamente) creíamos haber desterrado de la vigencia inmediata y concreta, para vivir en el arcón de la historia ha retornado para arrojarnos en el rostro su terrible significado: desaparecido. No es ocioso recordar que el entero andamiaje de la barbarie neoliberal hubiera sido imposible sin recurrir a las marcas provocadas en el cuerpo social de la nación- y en cada una de nuestras conciencias- por el recuerdo de aquellas personas que fueron reducidas a silencio e invisibilidad por medio de torturas y muerte durante diversas épocas históricas, pero muy especialmente durante la dictadura militar de 1976. El retorno de las desapariciones tiene una significación no tan evidente para muchas personas, por lo cual, propondremos en esta notas algunas líneas de interpretación posible. El hecho que la desaparición de Luís Gerez haya finalizado de modo feliz no altera lo sustancial del análisis que se leerá en las líneas siguientes, escritas mayormente antes de conocerse el grato final del episodio.
El secuestro en la localidad cercana a la Capital Federal de Escobar de ya citado Luís Gerez- testigo clave para que el torturador Patti no asumiera como diputado nacional- viene a decirnos, junto al de Jorge Lopez, ya hace más de tres meses, varias cuestiones. Veamos algunas:
a) Ambos secuestrados tienen en común- además del oficio de albañiles, lo cual los emparenta simbólicamente como hijos del pueblo, las víctimas dilectas de la dictadura- haber testificado contra conocidos represores y torturadores: Miguel Etchecolatz y Luís Abelardo Patti. De modo que no hay dudas que ambos mazados buscaron castigar la voluntad de oponerse y romper con el imperativo de silencio demandado por el poder. De este modo se le dijo a la sociedad que el mutismo (cómplice)  frente a los crímenes de la dictadura es una perentoria necesidad reclamada (por el propio poder, como ya se dijo). Opuestos a tal mandato son las marchas, escarches, juicios, testimonios y el conjunto de las voces y sonidos en contradicción a la impunidad.
b) Más allá de lo que se piense del gobierno nacional, las fuerzas del poder económico y el privilegio no lo consideran como propio. Es evidente que uno de los objetivos de estas acciones es debilitar al presidente, en tiempos en que la economía no presagia escenarios de crisis. Haciendo un balance mínimo de la historia, cada vez que la derecha deseaba desestabilizar a un gobierno, las situaciones económicas más críticas resultaban los mejores contextos para desestabilizar a los elencos gubernamentales víctimas de su accionar. Hoy, que tal situación no parece fácilmente construible, se echa mano a otros recursos- como sobredimensionar el problema de la delincuencia o las acciones de carácter político, como las que reseñamos aquí- para lograr idénticos fines.
c) La salvaje represión desatada contra el pueblo durante la dictadura iniciada en 1976 tuvo entre sus finalidades principales motorizar una muy drástica (re) distribución del ingreso, cuyas consecuencias más importantes fueron el empobrecimiento masivo, la desocupación estructural, el endeudadamiento externo y otras. Paralelamente, desde la llegada al gobierno de Néstor Carlos Kirchner en 2003, fue un objetivo estratégico de su gobierno terminar con el oprobioso silencio de la impunidad. Además del imperativo ético que la política de derechos humanos constituía, resultaba una construcción simétrica para la necesidad de revertir la injusta distribución del ingreso visible en el país. La labor desarrollada desde el Ejecutivo, desde los organismos de derechos humanos, desde determinados espacios judiciales y desde el Congreso Nacional puso en marcha la posibilidad de cerrar de cerrar con justicia y no silenciar desde la impunidad la etapa sufrida. Mientras tanto se puso en marcha un modelo económico centrado en la producción que sirviere de contexto a una nueva distribución del ingreso, tarea que, en lo central, deberá ser acometida por la próxima administración. Es decir que la finalidad ética de la política de los derechos humanos es una precondición moral para la construcción de una Argentina más equitativa. La finalidad última de acciones como las mencionadas apunta a congelar no sólo la impunidad y a sembrar el terror, sino también la preeminencia del poder económico, en detrimento de la mayor parte del pueblo.
Las mencionadas son las características centrales de los episodios mencionados. Ahora veremos como se estructuran y articulan gritos, susurros y silencios a efectos de perpetuar los objetivos del poder económico. Por un lado, ciertas agrupaciones presas de errores que ya resultan atávicos. En primer lugar,  Quebracho:
"Como primer paso para el esclarecimiento de este nuevo caso de desaparición forzada y para la aparición con vida de López y Gerez debe presentar su renuncia el ministro del Interior, Aníbal Fernández, como mínima demostración de buena fe para con la responsabilidad que el gobierno nacional dice haber asumido." (Material recibido electrónicamente)
Pedir como primer paso la renuncia del  Ministro del Interior equivale a responsabilizarlo del suceso. ¿Quién se beneficia si tal visión resulta aceptada? Sin dudas no es el pueblo, ya que si los represores clandestinos al servicio de la derecha instalan tan falsa percepción, lograrán enlodar al gobierno en su inmunda trama. Además, "solo la verdad nos hará libres," de modo que únicamente desde una concepción que retuerza la evidente realidad se puede culpar de estos secuestros a un gobierno que ha formulado doctrina de no reprimir la protesta social. Afín a esta concepción se halla la Coordinadora de Unidad Barrial-Movimiento Teresa Rodríguez:
"Exigimos al gobierno de Kirchner la aparicion con vida de Luis Gerez al igual que hace mas de tres meses cuando desapareció Julio Lopez hacemos responsable  al presidente por estos sucesos; juicio y castigo a todos los genocidas, desmantelamiento del aparato represivo." (Material recibido electrónicamente de C.U.B.A.-M.T.R. Subrayado nuestro). "Exigimos al gobierno" ya sugiere- aunque sea de modo subliminal- que el ejecutivo es responsable de estos hechos. Y un principio elemental de cualquier manual de acción política reside en elegir adecuadamente al enemigo. Si no, se corre el riesgo de acometer- como tontos Quijotes posmodernos- contra molinos de viento. Además,  lo que omiten decir es con que fuerza social se lograría el "desmantelamiento del aparato represivo". ¿Con el centenar de compañeros que constituyen la máxima  movilización de C.U.B.A.-M.T.R.?
Ya antes de la desaparición del compañero Luís Gerez, el Partido Obreo afirmaba haciendo referencia a un acto que… "Néstor Pitrola denunció los grupos de tareas de Kirchner que atacaron a Raúl y a Rubén Sobrero, y la impunidad de los 37 fusilados el 20 diciembre y la desaparición de López. Llamó a luchar por el desmantelamiento de la Bonaerense y de todos los aparatos represivos, por la investigación y el castigo del ataque criminal a Castells y a Sobrero. Pitrola convocó a todos los compañeros a marchar unitariamente el 20 de diciembre por estos objetivos". (De la página oficial del Partido Obrero, http://po.org.ar/po/2006/po977.htm. Subrayado nuestro). Resulta un despropósito político y ético, además de una irresponsabilidad miserable equiparar a los grupos de tareas de la dictadura con los destacamentos pro-gubernamentales que hicieron los episodios del Hospital Francés, por ejemplo. Se está diciendo, ni más in menos, que en la dictadura la represión no fue tan terrible, cuando se la equipara con un gobierno que ha construido una doctrina de no reprimir la protesta social. El ejemplo de la pueblada de Las Heras, en la provincia natal del presidente, en la que el único fallecido fue un policía no fue suficientemente elocuente. Pero cualquier observador no atravesado por el grotesco impresionismo típico de las huestes altamirianas sabe que- de haber ocurrido un episodio similar en tiempos procesistas- los muertos del lado popular hubieren sido más de una unidad. La grosera miopía anti- kirchnerista del Partido Obrero lo arrastra a encolumnarse- bien que con sus raquíticas fuerzas- con la peor derecha, como cuando hicieron de comparsa izquierda de los actos blumberianos en el 2004. Es otro caso de una fuerza que confunde al enemigo principal y que atávicamente se niega a sumar fuerzas, como si la unidad fuere algo indeseable. Es más, su máximo dirigente, Jorge Altamira reivindicó el modo bolchevique de construcción que se había realizado "aplastando a las otras fuerzas de izquierda". Luego de lo cual llaman a frentes en los que los convocados a sumarse, además de suscribir con puntos y comas todos los enunciados teóricos y políticos del P.O., deberían someterse a genuflexiones que pondrán a Mónica Lewinski en un espacio propio de un jardín maternal.
No faltaron voces sibilinas que sugirieron- en la calle o por e-mail- que se trató fue una operación oficial. Prima facie hay que decir que una maniobra de  tal calaña es muy difícilmente viable. Entre otras cosas por la gran cantidad de personas comprometidas, lo cual dificulta el necesario sigilo y secreto. Y de trascender, implicaría un escándalo capaz de destruir el prestigio político mejor armado. Por lo tanto, nuestra opinión es que fue una acción de la derecha procesista. Cualquiera de los dos desenlaces pensables le hubiera servido a sus macabros objetivos. Tanto si Gerez no aparecía, como del modo en que se verificó; el silencioso mensaje residual puede sonar de la siguiente manera: nosotros somos los amos del a vida y de la muerte, tal como afirmaban los torturadores y asesinos en los diversos espacio de la horror y de la muerte. Más bien nos parece atinada la interpretación del periodista Raúl Kollman, en el diario Página 12 del 30 de diciembre del 2006: "En la Casa Rosada tenían el diagnóstico de que el grupo que actuó en el secuestro estaba integrado por hombres ligados a Patti. Es más, el discurso presidencial se demoró media hora porque se estaba esperando el resultado de un allanamiento orientado a un grupo de adherentes al ex comisario. “Estábamos bien encaminados, el Presidente le apuntó explícitamente en el discurso y lo tuvieron que largar. Sabían que estábamos cerca”, decían anoche en la Casa de Gobierno". La única duda aquí es si los captores soltaron a Gerez acosados por la presión o porqué consideraron que con la tensión introyectada al pueblo ya les resultaba suficiente.  
Comentaremos brevemente otra voces, memos delirantes. En el espinel sinistro de nuestro sistema político se destacó, una vez mas, la acertada lección del mejor Maoísmo práctico brindada por el Partido de la Liberación. En un comunicado difundido el sábado 30 de diciembre de 2006 rescata lo que les parece positivo del discurso presidencial: "denunció la calaña parapolicial y paramilitar de los secuestradores, así como el objetivo político de éstos de extorsionar a favor de una amnistía a sus crímenes, tal como lo proclamaron los defensores de Videla en Plaza San Martín. Valoramos que el mandatario haya urgido a la justicia a iniciar los juicios a los ex represores y reiterado que éstos deben ir cárceles comunes". A la par que denuncia lo que, en su opinión, son limitaciones del proyecto del ejecutivo. "Lamentamos que Kirchner insistiera en el “largo camino” de recuperación de las fuerzas policiales y militares, como sinónimo de evolución, en vez de adoptar políticas activas como dar de baja a los miles de integrantes de estas fuerzas que estaban allí en la época de la dictadura militar. Esta política de medias tintas abona el terreno para futuros secuestros y demás actos terroristas de los fascistas, que no van a parar en sus acciones". Mas adelante afirma… "Criticamos también que el discurso presidencial -si bien tuvo esos y otros aspectos rescatables mencionados en el punto 3-, no haya hecho un llamado al pueblo argentino y las fuerzas democráticas para ganar las calles contra el fascismo. La contradicción con los defensores del terrorismo de Estado no se resuelve con consensos ni discursos y menos aún con invocaciones a la reflexión". No confundir una política que no se comparte con la que es propia del enemigo e intentar construir frentes amplios en base a acuerdos concretos son los principales aciertos del P.L., cuya líneas decisivas no compartimos. Pero es de toda lealtad reconocer que se hallan a años luz de los delirios que hemos glosados más arriba.
Los organismos de derechos humanos, en general, no emitieron exabruptos, salvo aquellos ligados orgánicamente a fuerzas de izquierda.
La derecha liberal- aquellas fuerzas que se esconden hipócritamente detrás de un supuesto sentido común, los buenos modales o el trucho contrato moral- hizo a su modo también su aporte. Detrás de insinceras declaraciones de condena, es factible observar que si pudieran, demostrarían con un denso, pesado, cómplice silencio la procedencia derechista de los atentados y no se puede dudar que, esta conclusión es nuestra, las mafias son de la derecha. Las palmas se las llevó un correligionario del ex presidente Fernando De La Rua: "El titular del la UCR, Gerardo Morales, responsabilizó a Néstor Kirchner por la falta de garantías de protección a testigos de casos de violaciones a los derechos humanose instó al Presidente a "salir del encierro y a convocar a las fuerzas políticas". (Diario Clarín del 30 de diciembre de 2006). No hablaremos ni de la semana trágica de 1919, ni de los obreros patagónicos masacrados en la tercera década del siglo pasado; pero una fuerza que siguió hasta el final en su apoyo al citado presidente debería hacer un acto de constricción de cara al pueblo. No hay que olvidar que De La Rua comenzó su gestión con muertos en Corrientes y la cerró con la represión del 19 y 20 de diciembre del 2001, por lo tanto, sus seguidores deberían, al menos, medir las consecuencias de sus palabras cuando interpelan de tan petulante manera al presidente de la Nación..
El episodio concluye del modo menos traumático, pero tal situación no debe llevar a conclusiones triunfalistas en exceso. Trataremos de señalar las más importantes:
1)      El ejecutivo jugó fuerte, como no lo había hecho en el caso de Lopez. De hecho, aquí la investigación policial estuvo mejor orientada por acotamiento del universo al seleccionar sospechosos. El Presidente mostró aquí una de sus más importantes virtudes: la iniciativa política. Y por fortuna, el episodio acabó sin consecuencias irreparables.
2)      La depuración de los organismos de seguridad y militares sigue siendo una tarea pendiente.
3)      La oposición al proyecto presidencial carece de ideas, de política, de iniciativas y de idoneidad moral; por lo cual no peligra el triunfo en los comicios del año próximo
4)      La existencia de un arco partidario de izquierda racional, democrático, combativo y leal es una necesidad, tanto para el pueblo como para el sistema político. Su ausencia- con la salvedad del P.L. ya apuntada- es atribuible a la propia izquierda en lo fundamental.
5)      Este pequeño triunfo contra el poder mafioso no debe hacernos perder de vista que quien ha armado a la barbarie procesista es el poder económico. Este dista de haber sido derrotado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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